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PARA (no) VOLVER
Abusar del café, como si el miedo a la sensación de vacío,
al sin sentido, fuera siempre un monstruo capaz de devorar
el ardor, la amargura, la falta de compasión de la cafeína
excitante.
Recurrir al cigarrillo, siempre que no me llamas, cuando
me niegas esas cuatro líneas que celosamente te reclamo.
Aeropuertos y bares, el cuchillo en la carne …
Mundo globalizado, el hambre y la guerra por televisión,
crisis del petróleo, manos inermes buscando en los basurales,
voluntarismo inocuo, estadísticas para tus sueños de terciopelo
digital, para mis pesadillas de chabola de Uralita.
Pero tu ya no me miras a los ojos, más estadísticas y el alma
proyectada en un block cuadriculado, suena tu móvil, lo que
yo quiero, lo que yo necesito, tal vez con una beca, y hay quien
dice que la soledad también puede ser una llama, un techo
con libros y besos, una casa ocupada, un cuerpo desnudo sobre
la arena buscando la comunión de las almas, el retorno al Edén.
Y el pragmatismo, trajes, formas o maneras,
gestos automatizados, “es lo que hay”
Y la indolencia, a cincuenta euros la hora,
ombligos tecnológicos, autosatisfechos …
Y la desmemoria, lustrada, prudente,
ordenada, en su lugar.
Aun no has saltado el listón, prófugo
de cenas, veladas intelectuales de clase media, aun
no cotizas para captar la atención de los que habrían de ser
tus pares, pragmáticos, indolentes, desmemoriados …
Títulos, casa y coche para el niño que duda, para la niña
que hace preguntas incómodas.
Café, cigarrillos, aeropuertos y bares,
Esta vez me marcho (para no volver)
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